El autoconsumo fotovoltaico es, en esencia, la posibilidad de generar tu propia electricidad con la ayuda de paneles solares instalados en tu vivienda. En vez de depender al cien por cien de la red eléctrica, conviertes la luz del sol en energía que utilizas directamente en casa, trayendo como resultado mayor control sobre tu consumo y reducción de las facturas por concepto de electricidad.
Estos son tan solo dos de los beneficios de este modelo, pero a ellos se suman muchos más que explicamos a continuación.
Importante ahorro económico
Si hay un argumento que convence a la mayoría de familias es el ahorro en la factura de la luz. Con un sistema fotovoltaico, es habitual reducir entre un 30% y un 70% el gasto mensual, y cuando se añade un sistema de baterías para almacenar la energía sobrante, el ahorro puede ser incluso mayor.
La forma más rentable de ahorrar con tu instalación fotovoltaica es aprovechar al máximo la energía que esta genera para tu propio consumo. Teniendo en cuenta esto por cada kilovatio instalado, el bolsillo se aligera en unos 157 euros menos al año, lo que equivale fácilmente a más de 700 euros en una vivienda de tamaño medio. En hogares con consumos elevados, la cifra puede alcanzar e incluso superar los 1.000 euros anuales.
Compensación de excedentes
Una de las grandes ventajas que ofrece el sistema español es la compensación por los excedentes de energía. Cuando tu instalación produce más electricidad de la que consumes, esa energía se vierte a la red y la compañía te paga por ella. Los precios de excedentes varían dependiendo de la compañía, pudiéndote compensar los excedentes a precio fijo o de mercado.
Es fundamental elegir la mejor tarifa de luz con placas solar es que saque el máximo provecho a la compensación de excedentes. De esta manera, se ahorra por producir energía propia y se consigue reducir todavía más la factura gracias a un contrato eléctrico ajustado al autoconsumo.
Rápida amortización de la inversión
La instalación de paneles solares requiere un desembolso inicial, pero no es un gasto sin retorno: es una inversión muy rentable. El plazo medio de amortización oscila entre cinco y diez años. Incluso, en regiones muy soleadas, como Andalucía, Extremadura o Murcia, normalmente se recupera el dinero invertido en apenas cinco o siete años. Y si se aprovechan las subvenciones o la deducción de hasta el 60% en el IRPF, el tiempo se reduce aún más.
Independencia energética
Con un sistema propio, se disminuye la dependencia de las compañías eléctricas y el hogar se protege de subidas inesperadas de precios o incluso de crisis energéticas.
Además, como la energía se genera justo en el lugar donde se consume, se reducen las pérdidas por transporte y se gana eficiencia. Los sistemas que tienen baterías instaladas permiten incluso contar con un respaldo durante apagones, por lo tanto, tendrás un suministro básico cuando más lo necesitas.
Beneficios medioambientales
Los beneficios no solo directamente para ti, sino también para el medio ambiente. La energía solar es limpia y renovable: no produce emisiones de gases de efecto invernadero mientras funciona, y cada instalación contribuye a reducir la huella de carbono.
Una instalación doméstica de 4 kWp, por ejemplo, evita la emisión entre 1 y 2 toneladas de CO2 al año, lo que equivale a plantar entre unos 50 y 150 árboles. Con sistemas más grandes, como los de 10 kWp, se evita unas 3-5 toneladas de CO2
Además, la fotovoltaica no consume agua en su funcionamiento, a diferencia de otras tecnologías.
Mantenimiento mínimo y alta durabilidad
Un temor común entre quienes piensan en instalar paneles es el mantenimiento. No obstante, la realidad es que los sistemas actuales son muy robustos y apenas requieren cuidados: basta con limpiezas periódicas para retirar polvo o suciedad.
Los paneles modernos alcanzan rendimientos de entre el 22% y el 23% y mantienen una eficiencia elevada durante décadas. Su vida útil suele situarse entre 25 y 30 años, demostrando que estamos ante una tecnología madura y fiable.
El autoconsumo fotovoltaico es una inversión que permite ahorrar hasta un 70% en la factura de la luz, recuperar lo invertido en menos de ocho años y disfrutar de más de dos décadas de electricidad limpia prácticamente sin coste. Pero más allá de los números, es también una apuesta por un estilo de vida más responsable con el medio ambiente y más libre de las oscilaciones del mercado energético.