Motivos por los que los futbolines gustan tanto a los malagueños

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Ya de por sí los bares triunfan en Málaga, siguiendo el ejemplo del resto del país, aunque ciertos tipos de locales cosechan un mayor éxito si cabe. En efecto, nos referimos a aquellos que cuentan con un futbolín en sus instalaciones, dando pie a que los clientes puedan gozar de él al mismo tiempo en que ingieren las bebidas solicitadas.

Tal es el nivel de disfrute obtenido que, algunos malagueños, terminan optando por poner futbolines en sus domicilios con tal de no verse obligados a acudir a bares u otros locales en los que son habituales este tipo de juegos. Pero, ¿a qué se debe la fiebre actual por el apasionante mundo del futbolín? En Al Sol de la Costa hemos hecho un repaso de los puntos clave.

Diversión sin parangón al recrear partidos de fútbol

Al tratarse de una especie de juego de mesa es innegable que el nivel de diversión que éste pueda llegar a ofrecer a los participantes es fundamental para determinar su éxito. Es precisamente por dicho motivo que goza de tal nivel de popularidad alrededor de Málaga.

Y es que ya de por sí se trata de una provincia que tiene una gran afición por el fútbol. Pero, ¿qué sucede si se combina esta disciplina deportiva con el sector de los juegos de mesa? El resultado es inmejorable, obteniéndose un conjunto que divierte especialmente a quienes se declaran amantes del deporte actualmente liderado por Real Madrid y FC Barcelona.

Precisamente los colores blanco y azulgrana son los que se dejan ver frecuentemente en los modelos que se encuentran presentes en el territorio andaluz de la Costa del Sol, aunque tampoco faltan las unidades personalizadas con equipaciones blanquiazules en honor al equipo de la ciudad, el Málaga CF.

Todos los partidos de futbolín resultan divertidos de principio a fin, sobre todo aquellos que aglutinan a cuatro jugadores para formar dos equipos. A raíz de este aspecto surge otro de los motivos clave que dan pie a que se trate de un tipo de juego tan exitoso en la región malagueña.

Una de las mejores maneras de socializar

En este sentido conviene mencionar dos formas distintas de socialización a través del futbolín: en los bares o en la casa de cada uno. En primer lugar nos centraremos en dichos negocios cuyos recintos suelen reunir a varios amantes de los futbolines.

Es habitual que, cuando un equipo derrota a otro, el siguiente que está esperando en la cola –bebidas en mano, por supuesto– tome el control de su parte de la mesa junto al compañero en cuestión para tratar de vencer a los actuales ganadores. Ello conlleva algo que a día de hoy suele limitarse a Internet pero también puede hacerse presencialmente sin que se pierda dicha costumbre: conocer gente.

Trasladándonos ahora hasta los ambientes puramente hogareños, en este caso la socialización hace referencia a que los propietarios e inquilinos que disponen de un futbolín en su vivienda no dudan a la hora de invitar a familiares y amigos con un claro objetivo que se resume en disfrutar grupalmente del popular juego.

La ocasión habitualmente es aprovechada para organizar una velada distendida en la que no falta el buen humor, las charlas y, por supuesto, la comida. De hecho, muchos malagueños organizan torneos antes de que tenga lugar el partido de la jornada, viéndolo colectivamente en el salón con la mejor compañía posible tras haber descargado adrenalina.

Prácticamente cualquier persona puede jugar al futbolín

Todos los factores anteriormente sacados a colación quedarían relegados a un segundo plano en caso de que el futbolín, desde un principio, exigiera una gran habilidad con tal de ser plenamente disfrutado. Afortunadamente no es así, sino todo lo contrario.

Y es que los futbolines presentan una mecánica más que asequible. Tanto es así que incluso los más pequeños de la casa se ven capaces de manejar a los futbolistas en miniatura, aunque como es menester en ellos no faltan los frecuentes “molinillos” para tratar de impactar el esférico con una mayor potencia.

Si por algo se caracteriza el futbolín es por tener una curva de dificultad muy bien ajustada. Es decir, al principio es extremadamente sencillo, pero si se pretende profundizar en el sistema de juego poco a poco va resultando más complejo, especialmente a la hora de controlar el balón a la perfección.

Pases de una línea a otra que no pueden ser interceptados por la defensa rival, disparos a portería tan veloces que el guardameta no es capaz casi ni de seguir con la mirada y otros movimientos avanzados pasan a ser realizables con mucha práctica.

Aun así, las mecánicas básicas son muy fáciles de interiorizar, por lo que no es de extrañar que el futbolín a día de hoy esté considerado como una especie de juego de mesa familiar del que disfrutan no solo adultos, sino también niños de todas las edades.

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