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Málaga quizá ya no mire al Mundial 2030 con la misma intensidad que antes, sin embargo, eso no significa que se haya quedado de brazos cruzados, porque al contrario, la ciudad ha puesto en marcha una especie de acelerón colectivo para imaginar un nuevo estadio que, aunque ya no tenga que cumplir los requisitos estrictos de FIFA, sí aspire a convertirse en un símbolo moderno, eficiente y perfectamente integrado en el pulso urbano.
Adiós al Mundial, hola al nuevo estadio
Todo esto arranca, realmente, cuando Málaga decide renunciar a ser una de las sedes del Mundial 2030. Esa decisión, tomada a mediados de 2025, dejó a medio camino la candidatura que ya había movilizado a instituciones, técnicos y aficionados. Pero no fue un final amargo, porque más bien sirvió de excusa para construir un estadio nuevo, uno pensado más allá de un evento concreto.
El Ayuntamiento, junto a la Junta y la Diputación, ha movido ficha para encargar un análisis multicriterio que ayude a decidir cuál es el mejor lugar para levantar ese estadio. Y no se trata solo de buscar un terreno amplio, ya que entran en juego cuestiones como movilidad, sostenibilidad, impacto económico, diseño urbano, financiación privada y hasta la conexión emocional con cada zona.

Las cinco opciones que toman fuerza
Ahora mismo hay cinco nombres sobre la mesa. Uno de ellos, como era de esperar, es quedarse en La Rosaleda. La opción sería ampliar y modernizar el estadio actual, aprovechando parte de lo que ya existe. Suena bien por tradición y porque no hace falta arrancar de cero, aunque el entorno urbano podría quedarse pequeño si se quiere un estadio de verdad grande.
Pero el resto de ubicaciones proponen algo más ambicioso. Por ejemplo, la zona universitaria, en Teatinos, tiene espacio de sobra y buenas conexiones, aunque está algo lejos del centro. Luego está San Cayetano, que aparece en el PGOU desde hace años y que, aunque está más virgen, tiene potencial de desarrollo urbanístico.
A estas se suman Lagar de Oliveros, otra área ya prevista en los planes urbanísticos y con capacidad para un diseño moderno y abierto, y finalmente la propuesta más llamativa: la Manzana Verde, un barrio en plena transformación que incluye 923 viviendas, zonas verdes y una apuesta clara por un modelo de ciudad más habitable. Curiosamente, esta última sugerencia ha venido de las propias peñas del Málaga CF, que quieren que el estadio nazca totalmente integrado en un barrio con vida.
Un estadio que mire a Europa
El estudio encargado por Promálaga tendrá que decidir entre esas cinco opciones, aunque no será una decisión definitiva, sino una recomendación técnica. Y aquí entra algo interesante: el nuevo estadio debe cumplir con el estándar UEFA Nivel 4, lo que significa que tendrá capacidad para entre 45.000 y 55.000 personas. Eso significa apostar por un estadio moderno, ambicioso y preparado para que el club regrese al escaparate internacional, ese en el que vuelven a sonar en los pronósticos de la casa de apuestas como Betfair.
Además, el modelo de gestión aún no está cerrado: podría ser público, privado o mixto. Lo importante es que sea sostenible económicamente, tanto en su construcción como en su uso posterior. La inversión inicial será potente, pero se espera que haya retornos a través de usos complementarios, eventos, y hasta zonas comerciales o de ocio integradas.
¿Y qué quiere la afición?
Para buena parte de la afición, el nuevo estadio es una promesa de tiempos mejores. El Málaga continúa hoy en Segunda, pero el deseo colectivo sigue siendo ascender, competir con los grandes y volver a tener presencia en las apuestas La Liga de Betfair, un indicador de relevancia que el club quiere recuperar cuanto antes. En ese sentido, el estadio se convierte en el primer ladrillo de una nueva esperanza.
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