El Castillo del Cante 2025 celebró sus bodas de oro con un cartel para la historia y agotando todas las entradas disponibles

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Cincuenta años no se celebran todos los días y la localidad malagueña ha tirado la casa por la ventana, lo que ya se preveía desde que en el pasado FITUR se anunciase el cartel para celebrar las bodas de oro del Castillo del Cante, se ha hecho realidad, y es que reunir en el mismo escenario a figuras tan importantes del flamenco como Miguel Poveda, Estrella Morente, Arcángel o Rafael Riqueni no está al alcance de muchos festivales o programaciones culturales. Este pasado sábado 2 de agosto Ojén se convertía en la capital internacional del flamenco por unas horas.

El secreto puede estar en saber reinventarse sin perder la esencia, lejos han quedado esos festivales que se recuerdan hasta el amanecer para dar paso a otro escenario donde el flamenco ocupa el lugar que merece por derecho propio, aunque el olor a romero, tomillo y plantas de la sierra que cubren el suelo de un patio de colegio rodeado de casas blancas nos llevan a viajar a otro tiempo y es que por este escenario han pasado las figuras más grandes del cante, el baile y el toque, como Camarón de la Isla, Fosforito, Vicente Amigo o Manuela Carrasco.

La noche se vendía cara, entradas agotadas desde hacía días, un cartel que bien merece recorrer España y el mundo, un azabache del flamenco, algo histórico y que no sucede a menudo, un emocionado Salvador de la Peña, locutor de radio y figura clave en el desarrollo de este festival, pronunciaba las primeras palabras de bienvenida para dar paso a la guitarra del maestro Rafael Riqueni que comenzó con un solo por seguiriyas al que se sumaron los tres artistas fundiendo sus voces en una sola, el público enmudecido en un silencio sepulcral ya saboreaba que lo que estaba pasando era algo histórico.

Tras este momento mágico, llegó el recogimiento con la granadina Estrella Morente acompañada por Rafael Riqueni a la guitarra, uno de los genios más grandes del toque, rindiendo homenaje a la Niña de los Peines, una oda a las raíces del cante, elegante, personal y entregada, el disco que nació en la cárcel y que en directo llevó al público a soñar despiertos. Estrella es un manantial de arte heredado por línea paterna y materna, rebosa personalidad por los cuatro costados, intuición de cantaora vieja, porque ella es dorada como cuando el sol se refleja en el mar, aunque fuese muda el público pagaría solo por verla, porque llena el escenario con su estampa, heredera de todas las grandes maestras, hoy día es la hija más preciada del flamenco.

Tras la ovación del público, llegaba el turno para Arcángel, luz y alegría del cante, el de Huelva sigue teniendo la clave y la llave, nadie ha cantado nunca tan adornado y a compás, dominando a la perfección el escenario y los cantes de su tierra, acompañado por Francis Gómez y Benito Bernal a la guitarra, en la percusión Lito Mañez y a los coros sus inseparables Manuel y Antonio Saavedra “Los Mellis”. Por fandangos el cantaor es un gozo para los oídos, nadie mejor que él, canela y clavo, calle real del Alosno con las esquinas de acero, poniendo en pie a un público entregado a un Arcángel que comenzó en el Castillo del Cante acompañando al cante al bailaor José Joaquín, aquí ha crecido, en este festival se ha hecho como cantaor, son numerosas las ediciones en las que ha participado y los vínculos afectivos con el municipio, ‘volver a Ojén, es volver a casa’, ahora lo hace con un Grammy Latino bajo el brazo.

El plato fuerte de la noche llegaba de la mano de Miguel Poveda, no es usual verle compartir cartel, pero la ocasión lo merecía, viajando al flamenco de Lorca, un público con ansias de gozar con cada quiebro de su garganta prodigiosa. La guitarra de Jesús Guerrero, la percusión de Paquito González y los magníficos compases y coros de Miguel Ángel Soto ‘Londro’, Carlos Grilo y los Makarines. Miguel nunca defrauda, se entrega al máximo, lo hace y llega al alma de los presentes, difícil sencillez del cante tradicional, donde el cantaor se encuentra con sus orígenes, con el niño que ganó la ansiada Lámpara Minera del Cante de las Minas en el año 1993, derrochando arte y genialidad. Poveda del cielo y la tierra, el que sigue agotando el papel en las taquillas, el cantaor del siglo, cerraba una noche tan mágica como la luna creciente que se asomaba a un patio abarrotado.

El Castillo del Cante entrego su tesoro más preciado a los tres cantaores de manos del alcalde de la villa, Juan Merino Márquez, el Castillo de Oro es la máxima distinción que este festival otorga, también lo recibieron el festival flamenco Torre del Cante de Alhaurín de la Torre representando por su Alcalde, Joaquín Villanova, Pedro Navarro Merino, Presidente del Colegio de Médicos de Málaga y los tres fundadores del festival, Juan Gómez Sánchez, Juan González Márquez y Antonio Gómez Sánchez, estos dos a título póstumo.

Cuando ya parecía que todo había acabado, que la vela se había consumado, que los allí presentes tenían que asimilar todo lo que habían visto, escuchado y sentido, aún quedaban tres puñales, tres puñales de los que se clavan uno a uno, pero de los que dan vida, el primero de ellos el de Arcángel, seguido el de Miguel Poveda para dejar paso al tercero de Morente, cerrando la noche con un fin de fiesta que bien será recordado para la historia del arte y del flamenco. Porque lo que en Ojén ocurrió el sábado no es usual, que el cante vive, que festivales como el Castillo del Cante están más vivos que nunca, que lo que allí ocurrió va en el corazón y marca un antes y un después en el flamenco, que Arcángel, Poveda y Morente son hermanos, herederos de Enrique, que no existe rivalidad, que se admiran, que se quieren y que sin duda alguna son tres puñales que Ojén ha sabido donde clavarlos.

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